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Etgar Keret: “Pedir la muerte de los ‘traidores’ es un eslogan muy común en Israel”


Los padres del cineasta y escritor Etgar Keret eran dos niños cuando un tal Adolf Hitler ordenó la invasión de su Polonia natal. Por desgracia para ellos, no eran unos simples niños polacos. Eran judíos. Así, a Keret le gusta recordar que ambos sobrevivieron al Holocausto, su padre “escondido en un pequeño hoyo durante años”. La última vez que Keret –que a sus 47 años ya tiene más de una cana en la melena pese a no haber perdido un brillo de ingenio infantil en la mirada– contó la anécdota fue hace apenas un par de días, mientras daba una charla sobre creación literaria en la biblioteca de Manguinhos, una de las favelas pacificadas de Río de Janeiro. Después de haber pasado por el prestigioso festival literario que se celebra en Paraty, cerca de Río, Keret se sienta a charlar con Negra Tinta sobre la invasión israelí de Gaza. No tiene pelos en la lengua para criticar un “fundamentalismo minoritario” que, sin embargo, parece dirigir la política de su Israel natal. Apuesta por la convivencia y los acuerdos de paz con los palestinos con la misma fuerza que ha mostrado en varias columnas publicadas durante el mes de julio en medios de todo el mundo, incluido El País. Su posición antibélica, compartida por Shira Geffen, su esposa y una de las directoras más importantes del cine en hebreo, ha hecho que esta pareja reciba amenazas por parte de la ultraderecha israelí. Keret no se achanta: “Si intentáis callarme, no lo vais a conseguir”. Pese a lo crudo del asunto, sonríe cuando lo afirma. No en vano, su humor surrealista le ha convertido en el autor de relatos más reconocido en Israel.
–De los últimos artículos que has escrito sobre la invasión de Gaza, publicados en El País, se desprende que ser israelí y criticar esta acción militar es una combinación dura de sobrellevar. También atacas el fundamentalismo de Hamas. ¿Siempre has estado en el medio?
–Nunca había dado mi opinión por escrito. Hasta hace tres años solo había escrito relatos, nunca un ensayo o algún texto de no ficción. Empecé a escribir ensayos sobre la actualidad durante las protestas sociales de 2011, cuando el Occupy Wall Street y las movilizaciones que tuvisteis en España [15M]. Hasta entonces yo veía que en mi país no había izquierda, solo una derecha y una extrema derecha que se odiaban mutuamente. Tenía por aquel entonces la mentalidad muy naif de guardarme mis opiniones porque no tenía la impresión de poseer el nivel suficiente para expresarlas. Cuando empezaron las protestas sociales, también en Israel, vi que había algo muy sano y hippy en ellas y, en cambio, no había intelectuales que las apoyaran. [Los manifestantes] Debían tener una voz que pudiera explicar en los medios qué estaba pasando desde dentro. Hice eso por ellos porque además eran mayoritariamente gente joven y el gobierno los intentó deslegitimar desde el primer momento diciendo que eran un grupo de niños bien que se habían dado a los porros.
–¿Qué fuerza tuvo el movimiento indignado en Israel? ¿Qué tenían en común con los indignados españoles o estadounidenses?
–Mucha. Llegó a salir a las calles medio millón de personas. La batalla en Israel era a causa del coste de la vida. El sistema [económico] de Israel es una locura. Si miras los países que forman parte del la Organización Mundial para la Cooperación y el Desarrollo y los ordenas por el PIB per cápita, Israel es el estado número 21. En cambio, si los ordenas por el coste de la vida, somos el octavo país. ¿Qué está pasando en los márgenes de esta economía? Se llevan el dinero. Hacer la compra en un supermercado israelí sale al doble de precio que en Holanda, pero los holandeses ganan un 40% más que los habitantes de Israel. Alguien se está llevando el dinero y por eso se pidió transparencia y más justificaciones a la hora de invertir el dinero público. Había un relato implícito también: dar más dinero a los araboisraelíes porque en un sistema injusto los que más sufren, los más débiles, son los araboisraelíes. [Nota del redactor: este grupo étnico representa un 20% de la población del Estado de Israel. Con casi 1,5 millones de personas, los árabes israelíes son mayoritariamente musulmanes, aunque también cuentan con minorías cristiana y drusa, una escisión del Islam]. Es decir, implícitamente también se estaba en contra de los colonos, que reciben grandísimas subvenciones estatales. Los orígenes de las protestas no eran políticos, pero sí que había un gran sustrato político en ellas.
–¿En Israel se agitan las banderas para meter la mano en las arcas públicas?
–En Israel hay mucha corrupción, pero muchas veces estamos ante casos que van más allá de eso. Si eres político, hay un lobby muy fuerte de gente rica que te va diciendo lo que tienes que hacer sin necesidad de sobornarte. Estos multimillonarios son tus personas más cercanas. Los ministros son amigos de multimillonarios, no de la gente de la calle. Sus puntos de referencia son claros. Así empecé a escribir ensayos sobre política y durante estos tres años he criticado al gobierno en muchas situaciones, pero hasta el último conflicto de Gaza había sentido que en Israel teníamos a grandes escritores como Amos Oz o David Grossman, personas que escriben textos de no ficción mucho mejor que yo, que siempre he sido un escritor de relatos al que no se le ha dado nunca bien escribir columnas de opinión. Sin embargo, lo que ha pasado en esta crisis es que por primera vez se ha empezado a intimidar a los intelectuales de izquierda que protestaban. Empezó hace apenas unas semanas. Si alguien se quejaba y denunciaba las fotos en las que aparecían niños palestinos muertos, ellos te atacaban diciendo a la gente que no comprara tus libros. “Boicotead su trabajo”, decían directamente.
–¿Desde el gobierno?
–No. Son los medios de comunicación y los grupos más reaccionarios a través de las redes sociales. Sentí que era un proceso claro de intimidación. Escribí mis artículos y muchos me recomendaron antes de publicarlos que no fuera por ahí, que tenía un hijo pequeño. Sentí que tenía responsabilidad de actuar ante este intento de censura. Más allá de mis ideas políticas les quería decir que no tenía miedo, que puedo decir lo que quiera. Si me decís que me calle, voy a hablar y si no me decís nada, quizás no digo nada. Pero como me obliguéis a callar no lo voy a aceptar. Escribí las dos columnas que has leído en El País [Dad una oportunidad al acuerdo y Pedir acuerdos no es sabotear la victoria] que me han llevado a situaciones nada fáciles durante estas semanas.
–¿Dónde son más fuertes las voces que critican la política militar del Estado de Israel: dentro del país o en el extranjero?
–Dentro del país, sin duda. Creo que la sociedad israelí siempre ha sido muy sana a la hora de permitir la libertad de expresión y opinión aunque haya unos miles de ciudadanos realmente extremistas, capaces de publicar tu foto en internet y decir que eres un traidor que debería ser asesinado.
–¿De qué porcentaje de israelíes estás hablando?
–Es difícil de saber. Muchos de los extremistas pueden ser ultraortodoxos o colonos. El problema es que “la muerte del traidor” se ha convertido en un eslogan muy común. En el momento en el que tú dices que el gobierno no está haciendo nada para lograr la paz ya eres un “traidor”, dejas de ser judío y mereces morir. Por supuesto, la mayor parte del país no está enterada de este juego. Si alguien me amenaza por lo que escribo hay millones de israelíes que no se van a enterar. Muchos piensan, además, que no tienen que dar su opinión porque nadie se la pide. La estrategia de deslegitimación es muy sofisticada. Uno de los ataques más frecuentes que recibo es que no soy israelí “porque vivo en París”. ¡Eso es totalmente falso porque vivo en Tel-Aviv! Han llegado a poner en portales ultraderechistas una foto en la que salgo con mi mujer frente a la Torre Eiffel sugiriendo que cuando estoy en París “tengo un aspecto diferente”. Y hay gente que comenta. Lo gracioso es que en el último año solo he estado cuatro días en París, aunque mi último libro es uno de los más vendidos de Francia y he escrito guiones para una serie francesa. Solo por eso ya debo ser francés para ellos [sonríe]. Es una desgracia porque al acabar alguna conferencia en Israel algún oyente me pregunta que cuándo he llegado al país. ¡Pero si vivo al otro lado de la calle!

–¿Tus últimos artículos se han leído en Israel o solo los han publicado medios internacionales?
–En Israel se leyeron antes que en ningún sitio. Los publicó el diario digital Walla y he recibido muchas presiones desde entonces. Alguno fue diciendo que yo había escrito en Libération que el ejército de Israel iba a perder la guerra y que todos los judíos íbamos a morir. Obviamente no se leyó el artículo porque yo no escribí eso. Solo quieren deslegitimarte diciendo que odias al país. Mi mujer es activista por la paz desde hace muchos años y han publicado fotos suyas en Facebook con la leyenda “Te odio, Shira Geffen” o “Dale un beso y despídete de tu carrera”. Incluso llegaron a preguntar cuál era la mejor manera para matarla: ¿apedreada o quemada? Yo me pregunto cómo puede ocurrir esto cuando no coincide con la realidad y sociedad que conozco.
–¿Cómo puede asumir el conjunto de la sociedad israelí que ocurran estas vejaciones? ¿Cómo no puede haber una condena social contra estos grupos radicales?
–Porque, para empezar, muchos políticos no los condenan. Uso esta metáfora: si tú ves a lo lejos un incendio y corres para ayudar a sofocarlo dejando tus pertenencias atrás, alguien vendrá y te robará el móvil. La energía de la gente está concentrada en la guerra, en los soldados que mueren, y no se preocupan de nada más. He hablado con políticos y me contestan que tenemos una guerra en marcha y ellos tienen sus prioridades, no pueden hablar de “problemas menores”. No creo que sea un problema de nuestro sistema educativo porque las escuelas de Israel son por lo general muy liberales. El problema es que los fundamentalistas religiosos no creen en una democracia, creen en una teocracia. Es gente que manipula el sistema democrático desde posiciones antidemocráticas. Si tú ves a un tertuliano en un canal importante de televisión diciendo que hay que disparar a esos chicos palestinos hay opciones de que te afecte esa opinión. En Israel hay organizaciones sin ánimo de lucro que promueven programas sociales y de integración entre religiones. Nadie las subvenciona porque el dinero va justamente al lado contrario, a los que se dedican a matar árabes. Desde la democracia se está financiando al fascismo antidemocrático. Así es muy difícil que la democracia pueda defenderse a sí misma.
–Según lo describes, aunque sean una minoría, los impulsores de estas ideas fundamentalistas son como ciudadanos VIP en Israel. 
–No quiero generalizar. Muchas personas viven en los territorios ocupados por cuestiones económicas. Si tú eres muy pobre y el gobierno te paga una casa… aunque no tengas razones ideológicas para vivir en esas colonias vas a ir para allá. Lo que ocurre es que aquellos que viven en zona palestina se acostumbran a una vida desigual. Ellos pueden viajar por todo el territorio. Los palestinos, no. Ellos están autorizados a abrir fuego, como medida de protección o para intimidar. Y el ejército los va a defender en cualquier caso. Viven en un estado democrático pero no en una sociedad democrática. Eso desarrolla una mentalidad de superioridad.
–¿Es Israel una democracia o una teocracia?
–Una fuerte democracia, pero volvemos a lo mismo. Ese pequeño y muy peligroso grupo no respeta el juego democrático. Más de una vez los propios colonos han atacado a soldados israelíes. ¡Los soldado que se supone que les protegen!
–¿Pero cómo es eso posible?
–Porque sienten que son los jefes, los propietarios de una tierra en la que pueden hacer lo que quieran. Si los militares les van a proteger de los palestinos, ¿por qué no atacar también a los militares cuando les interese si saben que su posición siempre va a estar por encima de todo? Pese a ser un grupo marginal consiguieron asesinar a todo un primer ministro como [Isaac] Rabin. El asesinato de un judío a manos de un judío es un tabú, pero si sigues la historia de Israel han ocurrido varios asesinatos de este tipo y siempre ha sido gente de extrema derecha matando a personas de izquierda. Considero que de una forma muy profunda creen que el carácter sagrado de la tierra está por encima de la vida humana. Estados Unidos puede ser un país muy democrático aunque tenga en su interior grupos racistas y nazis. Hablo a nivel de sociedades no de gobiernos. Por eso no nos tiene que sorprender que en una región llena de conflictos haya gente tan radical. Sin embargo, el conjunto social debería concentrarse en contener esas minorías radicales y, en cambio, en Israel hace tiempo que se las ignora. El tipo que se sienta en el sofá de su casa no se da cuenta de lo que está ocurriendo. Las únicas personas que lo saben son las personas de izquierda o los árabe israelíes que reciben los ataques.
–¿Negociación y acuerdo se han convertido en palabras tabú en Israel?
–La derecha, que está en el gobierno, ha construido un discurso que explica que cada vez que se ha intentado negociar ha sido un fracaso. “Les permitimos quedarse con Gaza y votaron a Hamas, fuimos a Camp David en 2000 y empezaron la Segunda Intifada…” Hay toda una narrativa gubernamental que nos cuenta que en la cultura árabe la generosidad y los pactos implican debilidad, así que si les entregas algo “van a intentar matarte”. Por eso solo puedes ser fuerte para que te respeten. Es, por supuesto, una forma muy sesgada de explicar la historia. Está claro que después del compromiso de respetar la paz en Gaza los palestinos no votaron a Hamás porque fuera anti Israel. Apostaron por ellos porque el presidente [Mahmoud] Abbas [del partido Al-Fatah] era un corrupto y querían cambiar el gobierno. En ocho años no han vuelto a convocar elecciones porque Hamás no es un partido democrático, no les va a dejar a los palestinos votar otra vez. Hemos estado mil veces en guerra y muy pocas en paz. Nada hemos solucionado. ¿Por qué deseamos ir tan fácilmente a otra batalla y rechazamos con tanta fuerza que se abra un proceso de paz?

–En Europa empieza a crecer la percepción de que la creación del Estado de Israel ha sido uno de los grandes errores del siglo XX. ¿Cómo puede responder a esta afirmación un israelí crítico con su país?
–Es muy peligroso en este tipo de situaciones simplificar el relato. La narrativa es complicada porque la vida no es como Star Wars, no tienes chicos buenos y chicos malos, un Luk Skywalker y un Darth Vader. En primer lugar hay que entender que Hamás detenta el poder en Gaza de una forma no democrática y que es mucho más poderosa de lo que pueda ser Hizboulá en Líbano. No creo que Hamás represente a todo el mundo en Gaza. De hecho estoy seguro de que mucha gente les tiene miedo. Viven en una sociedad en la que los que pueden herir o matar a tu novia por no cubrirse la cara o atacar a tu hermano por ser gay son los mismos que pueden defenderte de Israel. Es complicado para un europeo entender la cantidad de sentimientos que circulan dentro de los habitantes de Gaza. Es un error decir que Israel es el problema y que Palestina es una sociedad perfecta. En contra, te puedo decir que si desde el centro de Lisboa empiezan a disparar cohetes hacia España no creo que los españoles les aplaudiesen. Provocarían una reacción. Y viceversa. Es verdad que Gaza es una franja superpoblada, pero Hamás podría elegir no luchar en las áreas pobladas y, en cambio, han optado por ello. Ojo, no quiero decir que Hamás sea la causa que justifica todo lo que hace Israel. No veo justo el bombardeo israelí. Las peculiaridades de Gaza hacen, en definitiva, que Israel empiece esta guerra en una situación muy comprometida. La posición israelí [de superioridad respecto a un territorio asilado] hace que las sociedades extranjeras no puedan encontrar motivos justos para justificar los ataques. A Hamás le interesa que mueran civiles. Cuando tú eres terrorista te interesa que mueran civiles porque la guerra que libras es en los medios. Para ellos, cada civil muerto por el fuego israelí es una victoria. Si Hamás pudieran elegir entre 1.500 y 10.000 muertos, elegirían que muriesen 10.000. Siendo un fundamentalista religioso tu objetivo no es salvar vidas, es ser un servidor de Allah.
–¿La batalla de la reconciliación entre palestinos e israelíes está definitivamente perdida? En este conflicto da la sensación de que se ha llegado a un punto de no retorno, de que ni unos ni otros van a ceder un ápice.
–No, pero se puede llegar a esa conclusión. Mis críticas hacia el gobierno israelí cuando dicen que los palestinos están construyendo túneles para llegar a los kibutz y matar a nuestros niños están ahí, pero eso no sirve para nada. La ecuación es muy simple: está Abbas y está Hamás. Si [el gobierno de Israel] no apoya a Abbas, va a ganar Hamás. Este conflicto no empezó hace un mes. Empezó hace un año cuando no se quisieron sentar con Abbas [Ndr: Mahmoud Abbas sigue siendo el presidente de la Autoridad Nacional Palestina y gobernando el territorio de Cisjordania, separado de Gaza, pese a que no convoca elecciones desde 2009]. Israel necesita un gobierno que empuje para que se alcancen compromisos diplomáticos. Hasta entonces nunca saldremos de esta guerra. Cuando escucho a la opinión pública europea veo que o se es proisraelí o propalestino. Se opta por escoger y no por comprender la complejidad y la ambigüedad del asunto. No conozco mucha gente que sea antiespañola o antibrasileña. Puedes pensar que un español o un brasileño son estúpidos, pero no el país entero. Cuando muchos europeos se acercan a este conflicto lo hacen por un camino simplificado. Ojo. Si yo viviera en Europa y viera las fotos de los niños palestinos asesinados también me identificaría más con el lado más débil, pero en la línea de batalla ideológica no es una gran idea decir que Israel es un error. ¡Por supuesto que no lo es! Creo que el planteamiento correcto sería: ¿Cómo podemos apartar a los extremistas de esa región para ayudar a los moderados? En la batalla ideológica realmente siento que tanto Hamás como los fundamentalistas hebreos son nocivos para toda la región. Si somos capaces de contener a los dos lados más radicales realmente creo que palestinos e israelíes vamos a ser capaces de alcanzar un compromiso.
–¿Viviendo en el mismo estado?
–Ahora mismo no lo veo posible, pero si Israel vuelve a las fronteras del 67 y se devuelve a Palestina la mitad de Jerusalén podemos llegar a la paz. Está claro que ninguno de los dos países va a estar completamente contento; no vamos a empezar a amarnos como países, pero vamos a dejar de matarnos. La idea del compromiso no es la búsqueda de la justicia, es encontrar una solución plausible. Si vives en Palestina y no tienes libertad de movimientos porque te tienes que parar en los check-points no vives en un estado real y libre. Lo que propondrán Hamás o la extrema derecha israelí serán acuerdos inasumibles para la otra parte. Es a lo que vamos. El acuerdo no se llega a través de una fantasía sino de encontrar una solución que sea posible, realizable. Los que piensan en que la solución es crear un estado mixto no son realistas. Si eso ocurriera al día siguiente comienzaría una guerra civil.
–Es lo último que le haría falta a Palestina-Israel.
–Cuando tienes a dos chavales peleándose en un colegio primero los separas y después ya les explicas que tienen que ser amigos. Para obtener la paz primero tenemos que construir y asegurar un espacio justo, seguro y perdurable para los palestinos. El sentimiento mayoritario en la sociedad israelí, y ya no hablo de los extremos, hablo de la gente normal, es de miedo por lo que está ocurriendo en los países árabes de la zona. Siria, Egipto… Esa primavera árabe que se ha convertido en invierno en países que están en guerra o donde no se puede votar. Crece la sensación de que si les diéramos un estado a los palestinos vamos a tener un Irak a los dos días. Por eso es tan importante darles un estado a los palestinos: hay que demostrar al mundo que Palestina puede vivir en un estado con una democracia liberal, que, obviamente, tendría al principio los problemas de todas las democracias jóvenes. Ese escenario es fundamental. ¿Qué tenemos que perder? Si seguimos conquistándoles territorios no van a dejar de dispararnos.
–Naciste en agosto del 67, dos meses después de la Guerra de los Seis Días, cuando Israel atacó por sorpresa los territorios que gobernaban los palestinos y la península del Sinaí, perteneciente a Egipto. El gobierno judío argumentó que su ataque había sido preventivo ante el rearme, real, de los ejércitos egipcios, jordanos o sirios. Desde entonces cada cinco años ha habido una guerra entre hebreos y musulmanes y en ese contexto te criaste. ¿Cuál es tu primer recuerdo de un palestino?
–Incluso antes de que se firmaran los primeros acuerdos de paz muchos palestinos venían a trabajar a Ramat Gan, el lugar donde nací. Teníamos debajo de casa a unos palestinos que regentaban un restaurante y yo me hice amigo de los hijos de ese matrimonio. Mis padres no ponían ninguna pega. Iba a su casa, jugábamos a fútbol… No los veía de ninguna manera como diferentes. Éramos iguales. Lo que ha pasado realmente es que, según se han ido separando los territorios entre judíos y musulmanes, los niños de los últimos 20 años al único palestino que han conocido ha sido al terrorista que pone una bomba. Y en el otro lado, el judío que conocen es el soldado que les apunta con un arma. En esta situación es muy fácil deshumanizar al otro. A mí no me pueden contar leyendas sobre los palestinos porque los conozco, pero mi hijo no conoce a ningún palestino.

–Te adelantaste a la siguiente pregunta.
–¿Qué es un palestino para él? El chaval que grita en la tele: “¡Vamos a matar a todos los judíos!” Es una tarea ardua explicarle que ese chico no representa a todos los palestinos. Por eso le tuvimos que explicar cómo viven los palestinos en los territorios ocupados poniendo ‘aduanas’ en nuestra casa. Cuando quería ir de su habitación al salón le parábamos en el pasillo y le preguntábamos su nombre, de dónde venía, qué iba a hacer cuando pasara el control…
–¿Cuál es el lazo que más une a Israel y Palestina?
–Tenemos muchos lazos, pero el que más nos une es el que nos enfrenta. Somos dos pueblos y dos religiones con una historia de persecuciones detrás. Nosotros tuvimos a la Inquisición principalmente en España, los pogromo en Europa del Este y el Holocausto. Los palestinos son las grandes víctimas de la región. Egipcios, sirios, libaneses e israelíes les han atacado y masacrado. La gran conexión es el gran problema. Las dos naciones se ven a sí mismas como víctimas. Cuando alguien está asustado es más agresivo. Si vienen hacia a ti y no tienes miedo, le pides que se aparten, pero si tienes miedo, antes de que llegue a ti vas a soltar un puñetazo. Pero es que, además de ese historial de persecuciones, somos culturas que han nacido en el mismo territorio, que comen lo mismo y escuchan la misma música. No hay diferencias tan grandes entre judíos y palestinos. Publiqué un libro con Samir Al-Youssef, un escritor palestino, y creo que en muchas cuestiones es alguien mucho mas próximo a mí que muchos escritores israelíes.
–Vamos a repasar a los protagonistas visibles de esta historia interminable. ¿Qué papel jugó Arafat?
–Siempre recuerdo el discurso de Arafat en las Naciones Unidas cuando dijo que en una mano tenía un “arma [de luchador por la libertad]” y en la otra “una hoja de olivo”. Fue zigzagueando entre la paz y la confrontación. Arafat fue el último líder fuerte en Palestina y el último capaz de ganar la paz. Después de él, políticos como Abbas no han tenido tanto apoyo popular. Pero lo mismo ha ocurrido en Israel. Los políticos que han logrado la paz,  gente como Menájem Beguin, que era de derechas, tenían un apoyo más grande que el de su propio partido. Arrastraban a la población. Para provocar cambios necesitas personas así. Lo malo es que si repasas la historia vas a ver que muchas de esas personas acabaron asesinadas, como Rabin. Hay una oposición muy fuerte al cambio.
–¿Por qué no han asesinado a Shimon Peres?
–Porque no era lo suficientemente fuerte. Rabin, como Arafat, contaba con el halo de haber sido un general de éxito. Rabin era un tipo que nos podía decir que traería la paz siendo fuerte. Shimon Peres no fue militar y no tenía el halo del luchador. Nunca asustó demasiado a la derecha. Abbas también ha tenido ese problema entre los palestinos para convencerlos de que había que lograr la paz. No lo ven como un tipo fuerte, bravo, de los que llevan pistola. ¿Te acuerdas cuando decían en Estados Unidos que si alguna vez salía un presidente negro iba a ser republicano? Era antes de la elección de Obama, claro, cuando muchos apuntaban a Colin Powell como candidato. Solo puedes votar por un negro si sus ideas no son muy liberales. En Israel o Palestina la población solo respaldará a un tipo que abogue por la paz solo si no sospecha de su debilidad. Los acuerdos de Gaza [cuando se retiraron los colonos de la franja a principios de siglo] fueron uno de los episodios más dramáticos de la historia israelí. ¿Te acuerdas? Los colonos lanzándole piedras a nuestros soldados y todo eso. Y aún así el único que podía sacarles de allí era Ariel Sharón, el mismo que había invadido el Líbano. En teoría nadie iba a sospechar de él como un simple “pacifista”. Él y Rabin fueron los últimos gigantes de su generación. Incluso la gente que les odiaba y que nunca les votaría les respetaba. Podían ser enemigos, pero enemigos respetables.

–Ahora gobierna Benjamin Netanyahu.
–Netanyahu no tiene el mismo estatus. Tampoco lo tenía Barak. Si mañana dejara de ser primer ministro la gente no tendría la sensación de que ha dado su vida por el país porque se iría a trabajar a una multinacional o se dedicaría a dar conferencias por el mundo solo para ganar dinero. No tienen ese compromiso con el estado que les salva hasta de sus errores. Hasta Ehud Ólmert [primer ministro antes de Netanyahu, entre 2006 y 2009] ha acabado en prisión por los casos de corrupción en los que estaba envuelto. Ahora la política se usa como plataforma para tener éxito y hacer dinero. Todo ha cambiado, especialmente la imagen que del político tenía el pueblo israelí, que se ha vuelto lógicamente más desconfiado. Por eso creo que para un político israelí va a ser muy complicado dar ese paso importante hacia la paz. Por falta de confianza. Mira si no el lenguaje que utiliza Netanyahu durante la invasión de Gaza. Ni Rabin ni Beguin ni incluso Sharón hubieran hablado así, con esos términos. No les hacía falta porque les sobraba la confianza en sí mismos. Eran líderes.
–¿Los líderes culturales del mundo judío como Ozman, Grosmann o Baremboim, referentes que han apostado por la paz, tienen recambio?
–Tristemente, creo que están sobrevalorados los efectos de las acciones de las figuras culturales. El lenguaje de la cultura es tan sutil que se trata de un silbido. Si lo quieres oír, lo oyes. Si no lo quieres oír, no te va a afectar. Ozman, Grossman o Baremboim han sido importantes. No podemos creer que una columna de opinión o un concierto nos van a traer la paz. Son solo una pieza en el proceso. Lo que tenemos que recordar es que esa paz, que deseo y espero que se consiga algún día, la deberemos defender todos juntos porque, en el caso en el que se llegue a un acuerdo, tendremos atentados en ambos lados y choques con el ejército. Habrá miles de personas que no lo acepten. No podemos dedicarnos únicamente a escribir libros y componer sinfonías para integrarles en la sociedad porque tampoco es cuestión que hagan las maletas y se marchen de nuestros países. El proceso será doloroso, pero tenemos que convencernos de que es necesario. Puedo sentarme un día en la terraza de un bar de Tel-Aviv y pensar que como hace sol, no escucho bombas y mi hijo está tranquilamente en la escuela todo ha vuelto a la normalidad; pero estoy delante de una mentira. En Oriente Medio si las cosas no mejoran, se deterioran. Para ti todo puede ser fantástico, pero para aquel chico palestino, no. Y si él no está bien, tú tampoco. Eso es algo difícil de digerir para muchos.
–¿Esa paz de la que hablas será posible sin el beneplácito del presidente que ocupe la Casa Blanca? ¿Seguirá siendo esencial el papel estadounidense en el futuro?
–No es solamente algo que concierna a Estados Unidos, no nos olvidemos de la Unión Europea. Los europeos siempre han sido débiles con Oriente Medio. Han eludido nuestra realidad argumentando que no podían decirle a la gente de Israel, a los colonos que han ocupado el territorio palestino, cómo se tenían que comportar. La sensación que tengo es que en ese diálogo entre nuestra región y la UE, nosotros parecemos gigantes y ellos países enanos. Da la impresión de que sus economías dependen de nosotros cuando siempre ha ocurrido al contrario. Incluso cuando desde Europa se intenta ayudar a los palestinos a nivel cultural o humanitario, Hamás se pone por medio y exige recibir el dinero. La actitud europea es pasiva y débil. Debe cambiar. Los radicales israelíes y palestinos podrían ser presionados económicamente para forzar un acuerdo.
–Cambiemos, para acabar, la política por la creación literaria. Parece que naciste para el relato. ¿Por qué lo prefieres ante la novela? Como director también sueles apostar por el cortometraje. No te ha ido mal, uno de tus cortos fue premiado en Cannes.
–Cada vez que me siento a escribir una historia pienso que estoy delante de mi primera novela. Pienso que tengo un personaje tan potente que le voy a dar hasta nietos, pero dos páginas después el personaje muere y la historia se acaba. Creo que cuando escribo lo hago sin nada premeditado. Es la historia la que me chilla. A mí me gustan las explosiones y no sé cómo se explota lentamente. Escribir una novela es como correr una maratón y el cuento, en cambio, es correr lo más rápido que puedas, así que no podrás correr durante demasiado tiempo. El subconsciente juega un papel más importante en el relato que en la novela, te lleva a un territorio mucho más cercano a los sueños que al plan arquitectónico que estructura una obra larga.
–Una muestra. Escribiste un relato sobre un joven israelí que tiene una novia que se convierte en un tipo calvo y rudo por las noches. Con ella hace el amor durante el día y con él ve los partidos de la Champions League y se va de birras por la noche. Sin duda te gusta el surrealismo.
–Mi gran influencia es Kafka y esta historia tiene algo de metamorfosis. Creo que gente como Lynch o Almodóvar… también Borges o Cortázar, entre otros muchos escritores latinoamericanos, son personas que escaparon de la realidad y me acaban influenciando. Mis relatos han crecido en un lugar donde puedes escoger entre muchas opciones de héroe y todas son malas. Es como ir a un restaurante y que no te guste nada de la carta. Apostar por la fantasía es una forma de protestar y decir que te dedicas a mostrar algo que no existe porque la realidad no te muestra nada bueno. Para mí, el rol del relato debe ser el de provocar compasión. En otro contexto no sé lo que habría hecho. He visto las películas de Lars von Trier, ¿sabes?, y sus películas están llenas de villanos que son unos capullos. Si vives en Escandinavia, eso está muy bien, pero yo solo tengo que asomarme en mi ventana para verlos. No necesito crear más, por eso les digo a mis lectores que vean lo bueno que guardan las personas. ¡Yo no hablo de la trivialidad de la vida! Lo trivial en Oriente Medio es la muerte, la falta de empatía, la violencia…. Quiero recordarme, y de paso recordar al lector, que en medio de esta violencia queda empatía, amabilidad. Creo que hay emociones primarias y secundarias. La tristeza o la felicidad son primarias. El odio, no. Nunca verás a un animal odiando a otro animal. Es básicamente miedo transformado en agresión. Lo que intento con mis historias, cuando uso la violencia, es demostrar que la gente que ejerce la violencia no es mala. Es muy importante humanizar al adversario. Puedes estar en desacuerdo con él y saber que es un problema para ti, luchar contra eso sin dejar de ser un ser humano. El problema que anida en nuestras conciencias es el de pensar, implícitamente, que aquellos que no piensan como nosotros no son seres humanos. Fuente: negratinta.com


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Etgar Keret: "La mayor amenaza de Israel es la histeria"


Cuando la amenaza se convierte en algo crónico, el miedo se disipa. “Aquí tenéis árboles, allí tenemos ataques terroristas”. Esa es la única diferencia entre un paseo por Madrid y otro por Tel Aviv según el escritor israelí Etgar Keret (1967), uno de los autores más leídos en su país. Es conocido sobre todo por sus libros de cuentos y por su faceta como guionista de cine y televisión. También ha publicado una novela, tres cómics y un libro infantil. En esta ocasión visita España para presentar Los siete años de abundancia (Siruela), un libro compuesto por 35 crónicas de su vida personal escritas entre el nacimiento de su hijo y la muerte de su padre.

En una cotidianidad tan extrema como la de Israel, lo personal apenas se distingue de lo nacional. “Llega un punto en que asumes la realidad con naturalidad, dejas de cuestionarla”, explica Keret, y pone un ejemplo muy claro de la automatización de esa doble realidad: “Mi mujer y yo estamos discutiendo y diciéndonos de todo. Suena la alarma antimisiles. Vamos corriendo al refugio, la ayudo a acomodarse, nos cuidamos. Cuando pasa el peligro, salimos yseguimos discutiendo como si no hubiera pasado nada”.

Si en un escenario así colocas a una persona con una mirada única para captar esa realidad, y además es propensa a vivir situaciones inverosímiles incluso para el baremo israelí, el resultado es un material literario de primera. “Todo sucedió tal como lo cuento, salvo un sueño que tuve con Ahmadineyad, que exageré para añadirle una luz más grotesca”, asegura el autor de De repente llaman a la puerta.

Los textos reunidos en Los siete años de abundancia son pinceladas conmovedoras, divertidas, dramáticas y satíricas de su vida y de la memoria familiar, desde una discusión sobre los valores morales del famoso juego Angry Bird a un accidente que sufrió por culpa de un taxista imprudente -las anécdotas con taxistas son abundantes en el libro-; de la visita de su padre, superviviente del Holocausto, a la mafia calabresa en 1946 para comprar armas para el Irgún, el brazo armado del sionismo, a la conversión de su hermana al judaísmo ultraortodoxo; del temor por un inminente bombardeo de Irán a las clases de pilates junto a bellas bailarinas lesionadas.

El libro es a la vez, como sucede con otros autores judíos, una reflexión constante sobre qué significa ser judío. “La cuestión de la identidad es central para los escritores judíos, pero no tanto para los judíos de Israel. Si estás en la diáspora, tu identidad judía es mucho más confusa. Por ejemplo, un judío secular español, ¿por qué es judío? ¿Por la tradición heredada de sus padres, por la historia? El judaísmo como concepto es muy abstracto, y ese es uno de los motivos por los que existe el antisemitismo. Si no entiendes algo, lo ves como una amenaza. En este sentido, yo sí ahondo en la cuestión de la identidad aunque viva en Israel y me siento más afín a escritores judíos estadounidenses como Jonathan Safran Foer o Nathan Englander que a escritores israelíes como Amos Oz, aunque me parezca un autor fantástico.

La mayor amenaza para Israel, desde el punto de vista de Keret, no son los misiles de sus vecinos enemigos. “Lo que más miedo me da es que Israel se convierta en un país que ya no me guste y me vea incapaz de defender sus acciones. Somos diez millones de ciudadanos rodeados por miles de millones de personas que nos ven como enemigos. Para que mi país sobreviva necesitamos una razón de ser que vaya más allá de la mera supervivencia física. Necesitamos una justificación interna, ya que Israel es el único país que conozco que no nació de una realidad existente, sino de un libroAltneuland, de Theodor Herzl” [padre del sionismo moderno]. Lo fundaron personas de diferentes países y lenguas. Si no compartiéramos los mismos ideales, los cimientos de nuestro país se vendrían abajo”.

La sociedad israelí es muy paradójica, asegura el autor de Pizzería Kamikaze. “Tenemos uno de los tribunales supremos más valientes de occidente para enfrentarse al gobierno y más libertad de expresión que en EEUU, pero al mismo tiempo ocupamos territorios donde los palestinos tienen menos derechos que nosotros. Tenemos una lucha interna entre convertirnos en un pueblo superviviente carente de piedad o una víctima que no quiere convertir en víctimas a otros pueblos. El pueblo de Israel está harto de la histeria de nuestros líderes, del miedo al genocidio como fuerza impulsora de la toma de decisiones”.

La familia de Keret, retratada en Los siete años de abundancia, es tan compleja como la propia sociedad israelí, y podría ser un modelo de la solución que propone el autor para la supervivencia del país: “Tengo un hermano antisionista, mi hermana es muy religiosa, mi padre era muy de derechas y yo soy un liberal de izquierdas. Todos tenemos ideologías diferentes pero somos buenas personas y nos queremos. La clave para la supervivencia de Israel es mantener el respeto por las diferencias”.

Optimista convencido, el autor de Extrañando a Kissinger cree que el aumento del fundamentalismo radical en Oriente Próximo tiene como efecto positivo el acercamiento de Israel a los países árabes moderados de su entorno, como Arabia Saudí o Qatar. “A los países árabes los unía su odio común a Israel; ahora tienen problemas más importantes de los que preocuparse, como el Estado Islámico. Nos encontramos ante la opción de realizar grandes cambios en Oriente próximo gracias a las nuevas alianzas que se pueden crear”. Fuente: El Cultural

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J. M. G. Le Clézio: “La literatura es lo contrario del nacionalismo”


Jean-Marie Gustave Le Clézio (J. M. G Le Clézio, para los lectores) está al otro lado del teléfono. Se ha disculpado: “Mi español es callejero, nada culto”. Pero enseguida parte con dicción más o menos limpia hacia sus conocidos temas recurrentes: la interculturalidad, la diversidad, América Latina, África. El Nobel francés, autor de libros como La música del hambre o El pez dorado, está estos días en España; el fin de semana en el Hay Festival, de Segovia, y ahora en elCosmopoética, de Córdoba, en donde comparte cartel con Herta Müller. Atiende a El Cultural tras la primera de sus intervenciones en la ciudad andaluza, desde donde viajará a París, y de ahí a China. “Soy un nómada”, dice. Su familia ya lo fue: emigrantes franceses en las Islas Mauricio. “Como todos los isleños, tuvieron que salir de su isla, y yo, desde mi niñez, me sentí preso en esa isla demasiado estrecha”.

Por eso viaja. O más exacto: se desplaza, se muda. “Estoy tres años aquí, cuatro allí, etc.” Y entiende la literatura, también, como un viaje no menos modesto: “Mi vida es un ahondar y un escribir al mismo tiempo; la escritura me permite seguir viajando: no viajo para escribir, es más bien al contrario. Por eso no suelo escribir de lugares en donde estoy”. El jurado del Nobel dijo de él que era el “escritor de la ruptura, de la aventura poética y de la sensualidad extasiada”. “La definición es muy breve, pero estoy de acuerdo”, dice el autor de Urania. Varias veces se referirá, a lo largo de la entrevista, al poco espacio que hay para explicar el mundo. De hecho ha escrito 40 o 50 libros, no recuerda bien, y anuncia más. De joven tuvo sus devaneos experimentales, en la línea de Perec y del Oulipo. Pero pronto se desvinculó. Ocurrió algo: “Aquellas primeras obras se iban acumulando como nubes, y hubo un momento en que me sentí paralizado. No iba a ningún sitio y, de repente, no pude escribir más. Entonces viajé a América Latina y estuve viviendo algo más de tres años en la selva de Panamá. Me instalé con unos indígenas con los que al principio no podía comunicarme. Poco a poco aprendí el idioma local. Allí me ocurrieron cosas que darían para una larga historia, pero quizá la más importante se dio el día en que conocí a una señora de unos 40 años, soltera, que iba de una aldea a otra cantando, con voz muy fina, mitos que ella interpretaba sobre la marcha de un modo muy personal. Tuve la sensación de estar asistiendo al principio de la literatura. Era como un teatro primitivo. Aquella experiencia renovó mi confianza en lo que hacía”.

El escritor se refiere después a lo que llama “el misterio de la literatura”. Aquello que eleva a los poetas a un éxtasis místico -no en vano el misticismo, de distintas raíces, recorre toda su obra- que les hace conectar con los demás. El poder de ciertas ficciones: “En un ambiente muy difícil, la literatura se abre paso entre la gente, y esto ocurre en todas partes, y siempre igual, da lo mismo el lugar del mundo y la condición social de los hombres. Eso me lo han enseñado mis viajes”. Escritor precoz, fueron sus padres -uno inglés, la otra francesa- quienes le iniciaron en la letras. Los libros se los llevaba de un lugar a otro. “La mezcla de culturas es una riqueza para mí, es algo que siempre agradeceré a mis padres. Que mi familia emigrara a las Islas Mauricio fue fundamental en mi formación; allí presencié, por primera vez, lo que era el diálogo entre culturas”.

¿Se siente usted de algún lugar? Porque la crítica, a menudo, ha dado palos de ciego con Le Clézio: “Si uno identifica lengua con cultura, soy francés, no cabe duda. Para mí el idioma es importante, pero la literatura, que es lo que yo hago, trasciende el idioma, en primer lugar gracias a las traducciones. No importa la procedencia de los autores: lo importante es que un niño de cualquier lugar del mundo pueda leer El Quijote en su idioma”. Para el autor de Revoluciones, ganador con 23 años del prestigioso premio Renaudot, la literatura es encuentro, pues trata de lo universal. “Creo que el interculturalismo es el único modo de sobrevivir”, dice. Y da el método: “La educación es la clave, como lo es la literatura, que es el mejor modo que tenemos de encontrar a los demás; precisamente lo contrario al nacionalismo”.

Le Clézio menciona el mal que recorre Europa; pero, afirma, no le preocupa demasiado el avance del Frente Nacional -anteayer ultimaron su última conquista: dos escaños en el Senado francés- ni el auge de otros movimientos populistas que amenazan la unidad del viejo continente contra un enemigo común, y extranjero. Es optimista: “Son enfermedades pasajeras. Yo creo que son acontecimientos menores, es como una fiebre, algo que no puede durar. Morirá por su propio exceso. Es una ceguera, una enfermedad pasajera y no mortal. Europa está tan vinculada a otras culturas, está tan hecha de otros, que no puede tolerar movimientos de este tipo”. Pero no hace falta irse al colonialismo para rastrear el racismo europeo. ¿No es, más bien, una enfermedad que se reproduce? “Tenemos precedentes, y lo de ahora es peligroso, no hay duda. Y tampoco hay duda de que existen semejanzas con los años treinta europeos. Semejanzas que en Francia son muy notables. Pero precisamente la memoria de aquella época nos vacuna. Cuando estallaron los movimientos de extrema derecha en el siglo pasado, no había referencias. Por eso me cuesta creer que un partido como el Frente Nacional alcance el poder en Francia o en España, y mucho menos en Alemania”.

Dice Le Clézio que “cualquier nacionalismo es insostenible”. Y aprovecha para valorar el problema catalán, del que, sin embargo, reconoce no poseer “demasiados datos”: “Creo que es bueno respetar las identidades regionales. Es evidente que su identidad [la de Cataluña] no es la misma que la de Castilla, pero esa diferencia debería servir para unir, no para separar; eso sí, siempre teniendo en cuenta la voz de Cataluña en el resto del país”. Repite que la vacuna contra el radicalismo está, cómo dudarlo, en la educación, y hace de portavoz de la extravagante idea de un amigo suyo, el historiador mexicano Luis González: “Eduquemos a nuestros hijos no la historia de las batallas, no en una historia violenta, sino en la historia de los progresos de la humanidad. Enseñémosles cómo se inició la pesca, el cultivo, las técnicas hidráulicas. Solo así podremos evitar que sean seducidos por determinados cantos de sirena”. Fuente: El Cultural

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Guillermo Rendueles: "Todo acaba en un totum revolutum llamado psiquiatrización de la vida cotidiana."

Guillermo Rendueles Olmedo (Gijón, 1948) es psiquiatra y ensayista y su obra se centra en la crítica de la psiquiatría ortodoxa, en la teoría social y en la política radical.
Rendueles cursó sus estudios de bachillerato en el mismo lugar en que nació, la Academia España de Gijón que dirigía su padre, y en el Instituto Jovellanos. Desde muy joven recibió clases del filósofo anarquista José Luis García Rúa y en la adolescencia inició su militancia en el Partido Comunista de Asturias.
Licenciado en medicina por la Universidad de Salamanca en 1971 y doctor en medicina por la de Sevilla en 1980 con una tesis sobre la izquierda freudiana, inició su trabajo en 1972 como médico residente en el Hospital Psiquiátrico de Oviedo. Participó allí en un movimiento antipsiquiátrico que promovió la transformación de la asistencia de los enfermos mentales, lo que provocó una dura represión del gobierno franquista y el despido de la mayoría de médicos de ese centro. Tras realizar, como represaliado, el servicio militar en la isla de La Gomera, continuó participando en los movimientos de renovación psiquiátrica en el Hospital Psiquiátrico de Ciempozuelos y en el Hospital Provincial de Gerona.
Trabaja desde 1980 en Asturias como psiquiatra del Insalud. Entre 1980 y 1989 fue profesor asociado en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Oviedo. En 1989 se incorporó como profesor tutor de Psicopatología en el centro asociado de la UNED de Gijón. Ha sido impulsor de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, a cuya directiva ha pertenecido.
Tiene publicaciones en una docena de libros en diversas editoriales españolas y casi una centena de artículos en distintas revistas. Por algunos de esos trabajos ha sido premiado por la Real Academia Española de Medicina (en 1982) y por la Asociación Española de Neuropsiquiatría (en 1983). A principios de los años noventa, tras haber estado cierto tiempo apartado de la actividad política, participó en los grupos antimilitaristas que promovían la insumisión y volvió a colaborar con colectivos y medios de comunicación de izquierda. Escribe regularmente en el periódico asturiano La Nueva España.

Si me permite, déjeme iniciar la conversación con algunas definiciones, con algunas delimitaciones conceptuales. ¿Qué tipo de enfermedades mentales trata la psiquiatría?

En alguna ocasión he manejado la metáfora de que la psiquiatría como Coche Escoba de la medicina social, como práctica de cuidados que recoge todos los malestares que no caben en las categorías científico- naturales de la medicina o los recursos sociales. La medicina ofrece demagógicamente una definición de salud como “un estado de bienestar y realización físico–psíquica” para toda la población. Como es obvio que vivimos en una sociedad llena de sufrimiento y malestar no reparables por tratamientos médicos ni ayudas sociales, cuando un dolor o una queja no tiene un substrato anatómico clínico demostrable o es imposible de encuadrar en las pedagogías sociales se le etiqueta como enfermedad psiquiátrica y se le trata con ansiolíticos y antidepresivos que efectivamente acallan el dolor. Todo ello para no confesar la impotencia del llamado estado del bienestar para ofrecer una vida buena. El niño no educable en la escuela acaba en el psiquiatra. El ama de casa quejica de dolores a los que no se le encuentra causa física el psiquiatra la etiqueta de somatizadora y le da ansiolíticos. El comercial que no duerme y abusa del alcohol de nuevo ansiolíticos. Todo con tal de no cuestionar la escuela, el hogar o el comercio como focos de alienación y mala vida que hay que transformar o destruir.
De ahí que la práctica psiquiátrica sea una práctica muy pretenciosa: ofrece mejoras para toda clase de males y desde luego promesas que luego no puede cumplir. Como el Bálsamo de Fierabrás los psiquiatras ofrecen remedios para toda clase de situaciones: dirección del duelo para las catástrofes o la muerte de algún ser querido, enfrentamiento al estrés laboral, dolor de enfermedades reales pero de causa desconocida como la esquizofrenia o los trastornos afectivos. Todo acaba en un totum revolutum llamado psiquiatrización de la vida cotidiana. De ahí que la sala de espera de un psiquiatra sea un lugar singular donde coexisten desde malestares banales secundarios a la vida cotidiana con los sufrimientos más atroces de las psicosis o las grandes depresiones que terminan en el suicidio. Para todos tiene el psiquiatra una palabra como un cura o una pastilla como un médico o una rehabilitación como un masajista

¿Y qué relación, si existiera, observa usted entre la psiquiatría y la psicología?

Los dos gremios compiten en ofrecer remedios que psiquiatrizan o psicologizan la vida cotidiana Ambas profesiones se proponen como remedios para todos esos malestares que van del nacimiento a la muerte. La gente ha sido desposeída de sus saberes comunes para criar hijos, para el sexo, para envejecer, para luchar contra la explotación laboral y necesita técnicos que provistos de saberes psi le enseñen a vivir. Psicopedagogos para criar hijos sanos mentalmente, sexólogos para concebirlos, psicólogos para hacer duelo por la muerte de los deudos, gerontopsicólogos para envejecer saludablemente y neuropsiquiatras contra el mobbing.
Los psicólogos limitan ese enseñar a vivir, limitan estas curas de la vida a palabras y los psiquiatras ofrecen además pastillas que hacen distanciarse a los sujetos de la situación invisible y con ello a tolerar mejor el dolor vital. Ambos ofrecen lo que no pueden dar: remedios técnicos para resolver sufrimientos sin romper los marcos de la situación que genera esos dolores y que no son otros que individualismo o el mercado. La lucha por atender a las poblaciones emergentes que buscan amo psiquiatrizador entre ambos gremios es patética por parte de los psicólogos que piden intervenir en los centros de salud con argumentos muy cercanos a la antipsiquaitría de los años 70 –la enfermedad mental no es una enfermedad como las otras afirman con justicia – pero afirmando que es el gremio psicológico con sus variadas escuelas y no las redes populares quien pueden romper esa malaria urbana que hoy constituyen las quejas encuadrables en lo psicológico o psiquiátrico.

Entonces, psiquiatrizar y psicologizar son, según usted, tareas muy próximas.

Efectivamente. En el sentido señalado de psiquiatrizar y de psicologizar, son tareas similares. No se trata de sustituir una práctica psiquiátrica por una psicológica sino de salirse de ambas redes que limitan los análisis y soluciones populares al egoísmo y al cálculo afectivo que hoy domina la ideología popular y que psiquiatras y psicólogos refuerzan como aparatos del estado que son. Ante un duelo o un despido ambos discursos recurren a metáforas economistas para formular sus tratamientos: desinvertir afectos del muerto o el trabajo perdido, volver a invertirlos. Cualquier situación se enmarca por ambos gremios en las oscuras aguas del cálculo egoísta que decía Marx. No conozco a nadie que haya ido al psicólogo y le haya preescrito la lucha solidaria contra sus males sino cuidar de sí en el marco intimista. Nadie que no haya ido y no le hayan dicho que él no puede arreglar el mundo ni tiene culpa de sus desarreglos y que se afane al carpe diem. De hecho leer un manual de autocuidado es una incitación al egoísmo y muchos de los manuales para mujeres una auténtica agresión a sentimientos altruistas: aprender a decir no, no amar demasiado, calcular bien el intercambio afectivo para no salir defraudadas. En fin, una especie de buen inversor no sólo en la bolsa sino en la casa o la cama.
Depsiquiatrizar o depsicologizar la vida cotidiana supone recuperar un saber común que antes tenía la mayoría de la gente para gestionar las situaciones de sufrimiento o conflicto sin recurrir a unas técnicas psi o una pastillas con dudosa o excesiva eficacia (las pastillas psiquiátricas son a veces demasiado eficaces y permiten tolerar situaciones intolerables adormeciendo los sentimientos que permiten cambiarlas). Para escuchar penas o aconsejar con prudencia cualquiera de nuestro entorno sirve menos un profesional psi que no comparte valores ni sentimientos y por ello los enmarcara en sistemas ideológicos de la escuela a la que pertenezca.

¿La tradición psicoanalítica ha dejado su huella en la psiquiatría actual?

La psiquiatría actual está dominada por clasificaciones procedentes de la muy poderosa Asociación de Psiquiatras Americanos. Hace una década impusieron una clasificación de las enfermedades mentales llamada DSM III que excluyó cualquier termino psicoanalítico como neurosis o histeria. Se pretendió con ello una clasificación empírica y ateórica de los trastornos mentales que supuso en la práctica el que los psiquiatras dejasen de pensar o interpretar la relación de los síntomas psiquiátricos con la biografía de sus pacientes, para buscar signos objetivos de enfermedades y tratar las enfermedades con protocolos de consenso logrados por votaciones democráticas en los congresos psiquiátricos. Una de las relaciones freudianas más tradicionales “las neurosis son inversiones de las perversiones sexuales” desaparece de la DSM III no por ningún debate teórico sino cuando en esas votaciones desaparece la perversión como categoría gnoseológica sin más explicaciones que el éxito del colectivo gay en lograr votos.
En el fondo la DSM III nació por la impotencia de la psiquiatría o la psicología para diagnosticar con precisión. Unos investigadores fueron ingresados como enfermos y los psiquiatras fueron incapaces de detectar la simulación. El horror de los años 70 en la academia psiquiátrica es que, al no poder identificar simuladores o no ponerse de acuerdo en las peritaciones ante los juzgados para bajas laborales, la administración excluyese a lo psiquiátrico del campo médico o del pago de las muy poderosas compañías de seguro americanas. De hecho algunas definiciones en la DSM dependen de un pacto con esas compañías para que no empiecen a pagar seguros médicos a los esquizofrénicos antes de 6 meses que se exige para el diagnóstico de esta enfermedad. La voluntad de ser empíricos y ateóricos barrió toda la “epistemología de la sospecha” que Freud había introducido para interpretar los síntomas psiquiátricos y dar sentido a la enfermedad, para relacionar el sufrimiento psiquiátrico con los poderes familiares que escribían la versión canónica y falsa de la infancia.
Hoy los síntomas psicológicos -nuestras angustias o depresiones- son una especie de equivalentes de unos trastornos de los neurotrasmisores que aunque nadie pueda medir se suponen modificables con psicofármacos o terapias. De ahí que Freud sea hoy un completo desconocido para las nuevas generaciones de psiquiatras.
Y eso para no hablar de la izquierda freudiana que dio importantes materiales para las revueltas contra el manicomio y la institución total de los años 70 y las resistencias antiautoritarias al familiarismo. Lo psicoanalítico ha quedado por ello como una escuela con escasa aplicación en la clínica real en parte por sus propios errores sobre la centralidad del dinero de la cura tipo (Freud afirmó que si el enfermo no paga dinero al terapeuta es poco probable que se cure y casi seguro que no abandonará su terapia). La aplicación literal de esa relación de medicina liberal de pago por acto médico impidió al psicoanálisis implicarse en un modelo social en donde integrarse. Finalmente la regresión de los psi que renuncian a formarse con la profundidad y el trabajo que exige aprender psicoanálisis terminan de ensombrecer el futuro de las prácticas psicoanalíticas.
Los americanos dicen que el psicoanálisis es otra de las rarezas de París y el número de pacientes tratados por analistas no llega ni al uno por mil de la población psiquiatrizada en nuestro mundo.

¿Qué significó aquella rebelión antipsiquiátrica de los años sesenta y setenta al que usted hacía referencia? Estoy pensando en Coopper, en Bassaglia,…

El movimiento de Psiquiatría Democrática que encabezó Bassaglia representó la voluntad de dar la vuelta al sofisma del manicomio que eludía el análisis del encierro en la génesis de la gran locura. Lo mismo que en los zoológicos se produce una conducta animal que no es la real en el manicomio se producía lo que Bassaglia llamaba el Doble de la Enfermedad Mental. El manicomio producía una locura que no era la de los pacientes sino la producida por el estigma y la profecía autocumplida de la psiquiatría de la época que describía la locura como peligrosa e irrecuperable. De ahí que todo el saber producido por la observación de locos encerrados, es decir toda la psicopatología clásica era un seudo saber parecido al de la zoología del parque de fieras. Categorías psiquiátricas centrales como la esquizofrenia catatónica desaparecieron de los libros cuando desaparece el encierro manicomial.
Yo trabajé en un manicomio cercano a Madrid donde los pacientes estaban internados y diagnosticados en pabellones sintomáticos. Había pabellones de violentos, incontinentes, crónicos cerrados, abiertos, etc. Por un derrumbe tuvimos que repartir los internados del pabellón de violentos por el resto del manicomio y la conducta violenta dejó de producirse en los enfermos que padecían la violencia. La violencia no era por ello algo producido por el cerebro o la enfermedad de los pacientes sino creado por la institución que los cronificaba.
Del manicomio, el análisis bassagliano se extendió a otras instituciones totales como el ejército, las fábricas, los internados estudiantiles y fue muy productivo para las revueltas de mayo 68. De repente las masas en las fábricas descubrieron que el sufrimiento laboral no tenía que ver con su trabajo real o la producción, sino con las disciplinas que imponían gerentes y capataces. Los movimientos de la Autonomía Obrera italiana deben mucho a ese análisis postbassagliano en el que la fábrica se parece al manicomio o el cuartel en falsificar las vidas de sus internados y en crear una vida doble de la real- posible. Destruir los muros de esas instituciones fue la bella consigna que saltó de los manicomios a las cárceles, las fábricas o los cuarteles. La esperanza de destruir ese archipiélago de instituciones que limitaban la vida fue el último fantasma de la libertad que yo conocí.

En cuanto a Coopper

Coopper y Laing hicieron unos análisis más microsociales de la familia como institución generadora de patología mental codificando figuras como los padres esquizofrenógenos o las teorías del doble vínculo como substrato de la comunicación autoritaria y enloquecedora que quebraba la identidad del sujeto casi desde el nacimiento.
De nuevo la locura era prefabricada desde la irracionalidad de la autoridad familiar. Cuando se falsifica la percepción de las necesidades infantiles y una madre afirma saber que su hijo tiene sueño y debe irse a la cama aunque el niño diga no tener sueño se esta iniciando ese proceso de pérdida de saber íntimo que en su extremo crea locura (la autoridad y la orden de vete a la cama se enmascara en cumplir las falsas necesidades del niño como el mercado satisfará todas las falsas necesidades del adulto). El discurso del padre aparece en esos análisis como el eco directo de la voz del amo estatal, mientras la madre es una figura más enloquecedora por su papel ambivalente entre la incitación a la sumisión y las fantasías utópicas. Estos análisis fueron muy productivos para el pensamiento antiautoritario y antifamiliar con propuestas de comunidades terapéuticas sin terapeutas y en desenmascarar todas las trampas que el lenguaje normal forjado en la intimidad crea en la enajenación cotidiana. Gestionar la enseñanza de los sentimientos correctos, de cómo se debe querer que constituía una función familiar central, saltó por los aires en esos años gracias a los análisis de Laing.
La derrota de todo ese movimiento es hoy más que evidente, cuando las familias de enfermos tienen un poder grande y piden tratamientos obligatorios o cerrados para sus hijos y en la práctica están logrando la vuelta a unas disciplinas panópticas cercanas a neo manicomios y al uso masivo de psicofármacos inyectables quincenalmente como profilaxis de cualquier conducta violenta. Cada vez que hay un acto violento de un paciente psíquico el clamor por el encierro no cesa y las maldiciones contra la antipsiquiatría tampoco.
Afirmar que aquello no fue un sueño y que efectivamente luchar contra el manicomio fue luchar contra el orden o el familiarismo es hoy, más que un ejercicio de memoria, una afirmación de la esperanza en rebrotes de la razón tras su eclipse.

En las enfermedades mentales, ¿la herencia genética es determinante? ¿Influye, de qué forma, el ambiente social, la estructura familiar? ¿Depende de las enfermedades?

Los conceptos de enfermedad mental están mal definidos y por ello es difícil de contestar a la pregunta de las influencias del ambiente o los genes. En los grandes síndromes bipolares y esquizofrénicos la herencia parece indudable pero es la herencia de una vulnerabilidad que no se parece al modelo del despertador biológico preparado para que surja la enfermedad a la llegada a la pubertad.
El brote psicótico y las fases maniacodepresivas precisan de un desencadenante y una vez desencadenada su evolución depende de cómo se trate y se prevengan las recaídas. Si se la medicalaza en extremo o se la encuadra en profecía auto cumplida -la locura nunca cura- se transforma en un proceso invalidante que hace sujetos dependientes de por vida, que necesitan según los protocolos actuales vigilancia y control perenne sin ninguna posibilidad real de alta médica. Médicos y familias coinciden que ante el riesgo de recaída es preferible tratamientos perennes.
Por el contrario que se limite el tratamiento y el pronóstico positivo a episodios psicóticos con perspectivas de cura, permite vidas en libertad que gestionen con prudencia ese riesgo indudable de recaída que los genes provocan. Gestionar ese riesgo desde lo autoritario y la profilaxis del “por si acaso recae que tome neurolépticos de por vida” o aceptar el riesgo ”sin medicar por si acaso” define hoy las posturas neomanicomiales o libertarias frente a las grandes psicosis.
El resto de los trastornos psíquicos -depresiones, angustias, trastornos de personalidad, malestares por estrés- son falsas enfermedades que se etiquetan como tales para individualizar sujetos frágiles para que puedan ser tratados con técnicas que no pongan en cuestión el papel desencadenante de la mala vida urbana que está en la base de sus sufrimientos. Ni el trabajo como lo conocemos, ni las casas de vecinos que articulan nuestras ciudades, ni las familias realmente existentes sobrevivirían sin la toma masiva de ansiolíticos que permiten dormir, levantarse y aguantarnos unos a otros en esa especie de cloaca sobrepoblada en que vivimos. Los procesos de etiquetado y psicologización de esos malestares que permiten sean vividos en privado y no se colectivicen completan el papel apaciguador y distanciador que permiten las categorías psiquiatrizantes y los psicofármacos

A finales de 2008 el New York Times informaba que más de la mitad de los 28 especialistas encargados de preparar la próxima edición, prevista para 2012, del DSM-IV-TR: Mental Disorders. Diagnosis, Etiology & Treatment, el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales por excelencia, mantiene algún lazo con empresas farmacéuticas. Ya en 2006, investigadores de la Universidad de Tufts denunciaron que el 56% de los encargados de revisar el DSM habían tenido al menos un nexo monetario con un laboratorio entre 1998 y 2004. El porcentaje era aún mayor entre los expertos que trabajaban en enfermedades mentales más graves; la esquizofrenia por ejemplo. Concretamente, según el NYT, uno de los psiquiatras firmantes del DSM había ejercido de consultor de trece laboratorios diferentes en los últimos cinco años (entre ellos, algunos de poder tan inmenso, y casi inabarcable, como Wyeth y Pfizer). ¿Es así? Una situación de dependencia o subordinación de este orden, ¿puede alcanzar esta dimensión? ¿También en España?

Un ansiolítico –el lorazepan, propiedad de uno de los dos laboratorios que mencionas– es el fármaco más vendido en España por encima de la aspirina o los analgésicos En general en apenas 20 años los psicofármacos han pasado de ser algo marginal en las ganancias de los monopolios farmacéuticos a ser sus productos estrella y ello sin que se halla producido ningún descubrimiento importante en sus laboratorios. Los trastornos psiquiátricos se diagnostican como en la medicina del siglo diecinueve por la escucha de los síntomas de los usuarios y no por ningún mediador interno sobre el que podamos medir la eficacia de los fármacos para aliviarlos como en el resto de la medicina del siglo xx. Frente al antidiabético que para ser más eficaz que el anteriormente comercializado y vendido, debe normalizar las cifras de azúcar de cada enfermo que lo usa, los psicofármacos solo deben hacer ver o escuchar que el paciente dice encontrarse un poco mejor que con la anterior pastilla sin modificar ningún marcador material de mejoría. Obviamente ese carácter no objetivo es el sueño de cualquier mercader que quiera vender pastillas que como las diferentes marcas de coches sean un poco mejor que los de la competencia.
Los antiguos antidepresivos o neurolépticos son igual de eficaces que los nuevos para atenuar los síntomas de enfermedad como a duras penas tienen que reconocer sus fabricantes. Varían solo en que producen menos efectos secundarios: el Prozac (del otro laboratorio del que hablas) se empezó a recetar a miles de enfermos en América no porque fuese un antidepresivo más eficaz que el anafranil sino porque no engordaba o secaba la boca como sí hacía este. Pero su valor económico pasó a multiplicarse por miles de euros.
Un psicofármaco contemporáneo para el tratamiento de la esquizofrenia suele costar más de 100 euros y a veces más de 200 al mes frente al haloperidol igual de eficaz que puede costar 2 euros aunque produzca más efectos secundarios.
El uso de psicofármacos es además un mercado cautivo y un psicótico un cliente seguro desde los 20 años hasta la muerte si se siguen lo consensos dominantes hoy en psiquiatría. Como decía, al ser fármacos que a diferencia del que trata la anemia no tiene que demostrar su eficacia en protocolos rigurosos, sino en la observación del medico que lo trata y rellena cuestionarios, son tremendamente sensibles a la propaganda y la influencia del recetador que decide la mejoría o empeoramiento de acuerdo con su ojo clínico por desgracia tremendamente sensible al los reclamos de los laboratorios farmacéuticos que gastan cifras millonarias en manipular a los psiquiatras como intermediarios de ese mercado.
Todo ello define un merado especial: enormes ganancias, no objetividad del producto, dependencia del fármaco elegido de la decisión del psiquiatra. Por ello la propaganda sobre el psiquiatra que los prescribe determina unas relaciones profesionales mercantilizadas de las que casi nunca se habla entre los profesionales que se aprovechan de las migajas del sistema.
No hay un solo congreso psiquiátrico en la que sus asistentes se paguen inscripción o viajes sin el apoyo de la industria farmacéutica, industria que sin presionar directamente sobre los psiquiatras (en mi experiencia es raro el “recétame y te pago el viaje a América”) obviamente genera unos mecanismos de agradecimiento que hace una rareza las antiguas reuniones de psiquiatras críticos o contraculturales. Los congresos de las asociaciones de psiquiatría, en teoría de izquierda, son en ese sentido tan dependientes de la industria farmacéutica como las de la derecha y sus congresos tienen el mismo estilo de grandes hoteles y banquetes en restaurantes caros, antaño reservado a los mandarines de la medicina.

Cambio de tercio. Usted ha señalado recientemente que el hecho de que el 30% de la población obrera asturiana afectada por reconversiones acuda hoy a los Centros de Salud Mental ejemplifica un desastre: “el viejo orgullo del proletariado que “sabia quién era” está siendo substituido por personalidades pasivo dependientes que buscan en los ‘psi’ tutela, pastillas y consejos para reconducir su vida según un régimen de servidumbre voluntaria”. ¿Por qué habla usted de servidumbre voluntaria? ¿Qué podrían hacer entonces los trabajadores/as afectados?

Si me permitís la pequeña grosería, lo que buscan en salud mental los trabajadores agobiados se parece al que para buscarse amores se va de putas. Ante el horror real de la vida cotidiana, todo el mundo sufre y necesita que alguien le escuche, afecto, consejos prudentes o incluso mimos que alivien el horror económico. Buscarlo en un profesional que cobra del estado por esos menesteres, y no comparte las realidades del trabajo o el barrio o puede tener unos valores tan opuestos al consultante como ser del opus dei (una de mis pacientes dejó de ir al psiquiatra después de dos años, cuando supo que su terapeuta no estaba en consulta por ir de cacería) parece una confusión vital más que como aquel borracho busca la llave no donde la ha perdido sino donde el ayuntamiento ilumina.
Frente a esa ayuda profesionalizada que coloniza la vida desde un saber poco creíble (hay multitud de escuelas psi), el pueblo debería colectivizar su dolor y acumular valor para mirar de frente lo que oferta la vida en el mercado, sin edulcorarlo con la falsa promesa de que cuando la cosa vaya mal algún psi de la “seguridad social” me ayudará aunque yo no tenga redes solidarias en que apoyarme.
Aprender que el malestar no depende de su psique individual sino de las relaciones de explotación y sumisión al imaginario de deseos que nos hace vivir por encima de nuestras posibilidades con modelos de clase media es la amarga verdad que la población trabajadora se niega a ver. Saber que si me encierro en el egoísmo y la búsqueda de salvación en el intimismo cuando esa vida íntima se me derrumba y, por ejemplo, se muere mi objeto amoroso o pierdo el trabajo, ningún profesional me puede ayudar realmente porque ningún profesional puede sentir conmigo a sueldo, puede ser un primer paso en esa renuncia a las falsas promesas. Solo desde las viejas solidaridades, de hablar cada mañana con los compañeros y salir a tomar sidra o vino tras el trabajo para maldecir al patrón o comentar los azares de San mercado con la esperanza que algún día todo ese sistema caiga, fue vivible una cotidianidad tan dura como la del trabajador fabril tradicional. Sólo lo acogedor del barrio, de los lugares donde uno está entre los suyos, sólo los vínculos con los compañeros y sus familias y una forma de vida en lo común permiten escapar a las miserias del individualismo o disminuir diluyéndolas en lo colectivo las penas cuando la tragedia nos alcanza.
Si cada uno va de su casa al trabajo, se encierra en el familiarismo y en los grupos de aficiones comunes, está condenado a tener un alto riesgo de terminar en el psiquiatra como el que acude al lupanar a buscar amores profesionales

El precariado en el que vive una gran parte de los trabajadores españoles, autóctonos o no, ¿está afectando a su salud mental? ¿Hay cifras al respecto? Se habla de una epidemia de depresiones que afecta al 30% de la población y hay barriadas obreras donde es más normal haber pasado por las consultas de salud mental que no haber necesitado ayuda psiquiátrica a lo largo de la vida.

La miseria subjetiva que la vida en precario crea es la imposibilidad de crear esos vínculos serenos de los que hablaba más arriba para describir la cotidianidad de la clase obrera tradicional. Un niño tiene un vínculo sereno cuando puede jugar en el parque sin mirar continuamente a su madre porque sabe que ella va estar a allí cuando se caiga. Uno puede arriesgarse en la vida y ser un activista social si sabe que tiene una red social amplia que cuando la desgracia le alcance va a tener solidaridades múltiples. Esos lazos solidarios, esos vínculos serenos necesitan tiempo y tradiciones de identidad. Desde el colegio los antiguos trabajadores codificaban sus gustos y sus maneras al imaginario de clase que los protegía y los endurecía del mundo hostil de los señoritos: sabían que los melindres o la depresión no eran para ellos, que al tajo se iba a sufrir pero que la vida podía permitirles devolver golpes a ese mundo de la burguesia si permanecían juntos. Sin tiempo para estar juntos y sin coger a cita que las viejas tradiciones obreras les proporcionan los precarios están perdidos: ni identidad colectiva, ni defensas de clase les protegen. La ideología del Pícaro, la vieja astucia del lazarillo para burlar y sacar las ventajas que puede parece ser la tendencia subjetiva preferente en el precariado que corre como puede entre amos desalmados buscando cobrar del paro o las bajas médicas es lo que se ve de nuevo desde las consultas de salud mental.
El termino depresión es un cajón de sastre que quiere decir malvivir o incapacidad de autogestionar la vida sin ayudas profesionales. Afecta a sectores de población más colonizadas por el intimismo: mujeres, precarios sin redes sociales sólidas, viejos sin compañía que las han perdido, jóvenes renegados de su clase y aspirantes a trepar socialmente. Frente a ellos la vulnerabilidad a la depresión se invierte cuando el tiempo de trabajo o la organización de actividades crea grupos con identidades solidarias que se suponen pueden durar toda la vida. Frente al voluntariado social que crea grupos ligeros que llama H. Bejar de malos samaritanos los viejos sindicatos, los grupos comunistas, las comunidades religiosas, creaban vínculos e identidades sólidas que endurecían y “empoderaban” (hacían sentirse dueños de sí) a sus miembros frente a las crisis vitales que el propio tiempo genera. Se decía aquello de un comunista nunca está solo porque suponía que cualquier trabajador podía ser su amigo y que las edades del hombre -juventud, madurez, vejez- tenían unos rituales tan cercanos a lo religioso que hacía que incluso la muerte fuese aceptada como un pasar la cita con la historia a las generaciones venideras. Si esa identidad se licua y el precariado no permite enlazar la vida individual con esos colectivos y esas tradiciones la cotidianidad se convierte en ese cuento lleno de ruido y furia contado por un idiota que fácilmente busca sentido-consuelo en el psi. A ese sesgo cognitivo de buscar ayuda fuera de los iguales, en los expertos, en la técnica es lo que llamo proceso de servidumbre voluntaria que ni siquiera es consecuente con la ideología egoísta que ha elegido y que enlaza con el prototipo de Lázaro de Tormes que he propuesto líneas arriba.

¿Cómo cree usted que está afectando la actual crisis, esta crisis cuyo fondo no acabamos de entrever, a las gentes trabajadoras? Las amenazas de despidos, de cierres patronales, de reconversiones, ¿taladran su conciencia?

La crisis continua un proceso de contrarrevolución que aumenta la egolatría del sálvese quien pueda y la cobardía colectiva para pelear por un mundo radicalmente otro. Todas las crisis sociales son oportunidades para cambiar la historia. En esta que nos ha tocado, las clases populares van a salir más desestructuradas y derrotadas de lo que entraron: perderán la batalla sin ni siquiera haber peleado. Viejas palabras como ocupación de fábricas, autogestión, nacionalizaciones son fósiles lingüísticos para unos colectivos sindicales que como en el chiste sólo piden a sus señores quedarse como están.
Se parece por ello esta derrota obrera a esos experimentos de Indefensión Aprendida en que los animales de experimentación sometidos a castigos en una piscina se dejan morir cuando aún tienen energías objetivas para pelear. El dolor colectivo y la ansiedad producida por el riesgo de neopobreza está como las malas salsas sin ligar por ninguna organización que le dé forma y salidas colectivas.
De continuar la tendencia actual las capas populares saldrán subjetiva y objetivamente más maltrechas de lo que entraron y a mi juicio se acentuarán tendencias reaccionarias que difícilmente imaginamos desplazando la rabia contra los emigrantes y no contra los poderosos. De cualquier forma la historia no está nunca escrita del todo y como escribió Brecht en su imprescindible “Oda a la dialéctica” los derrotados de hoy son los vencedores del mañana. Pero para ello, quizás perder la esperanza de buena vida en el mercado o en los bienestares de la psicologización es un paso imprescindible para salir de esa indefensión y decidirse a pelear con las fuerzas que aún quedan.

¿Qué puede hacer un psicólogo, un psiquiatra ante la desesperación de estas personas trabajadoras? ¿Decirles que hagan la revolución?

Puede tratar de encuadrar ese sufrimiento subjetivo en lo impersonal, impidiendo el proceso de individuación o de culpabilización que añade miseria psicológica a la económico-social. Saber que el paro toca como “la lotería al revés” tranquiliza a quién busca causas y remedios psicológicos de su malvivir en su biografía preguntándose qué hice mal. Tratar de crear vínculos no profesionales entre parados, entre personas con sufrimientos etiquetados de depresivo-ansiosos y dar formas de interpretar la angustia-depresión en un marco colectivo que busque agrupar seudoenfermos en redes de apoyo y consumo paralelo pueden ser sugeridas desde las consultas.
Los fundadores de Alcohólicos Anónimos persistieron en beber mientras iban de psicólogo en psiquiatra por todo el mundo. Dejaron de beber y crearon la red de autoayuda más potente del planeta, cuando tomaron conciencia que en la ayuda mutua se podían crear las redes y técnicas que evitan beber. Siempre me ha parecido un ejemplo a seguir.
El movimiento feminista tiene experiencias similares: las de Boston lograron reapropiarse de unos cuerpos mutilados por la ginecología. Tener valor para pensar y actuar desde la experiencia acumulada puede lograrse desde a confesión de impotencia profesional de los psicólogos o psiquiatras si tuviesen honradez para autoevaluar realmente su práctica real tan poco eficaz en aliviar el dolor subjetivo.

Usted ha afirmado que “bajo rótulos psicoterapéuticos, determinados aparatos burocráticos constituyen dispositivos de producción de identidades destinados a individualizar el sufrimiento producido por la crisis y evitando así cualquier estrategia colectiva”. ¿Es una estrategia consciente en su opinión? ¿Es una subordinación a los intereses del capital?

Uno de los rasgos centrales del nuevo espíritu del capitalismo es que no necesita conciencia o ideología dominante para imponer su dictado: con que se consuma y se sometan las poblaciones al régimen de necesidades que la propaganda crea… A los grandes monopolios no le importa el pensamiento de la gente.
En ese sentido la psicologización no es una práctica consciente del capitalismo porque no la necesita. Simplemente con que el pueblo se encierre en su casa, su pareja y olvide los viejas identidades basadas en grupos naturales, la victoria de san mercado está asegurada. Si no hay un Nosotros desde el que vivir y el yo sucesivo es el único punto desde el que se reflexiona el capitalismo puede dejar flotar a esos individuos y que escojan cualquier ideología que no recree esos vínculos. Precisamente el anticlericalismo de los postmodernos atufa a ese deseo de liquidar incluso la ideología comunitaria que en tiempos les sirvió y que en lo que tiene de Nosotros Identitario les resulta una paradójica resistencia a pesar de lo anticuado de sus protestas.
Quizás al Estado y a los políticos sí les interesa aparentar una eficacia de la que carecen para influir en la vida real de las personas e ideoligar una seguridad social frente a los azares económicos suponga un mecanismo de evitar el desinterés de la población sobre lo político. Afirmar que al menos el estado puede dar escuela y centros de salud desde la izquierda puedes ser un mecanismo de fidelizar unas masas ya convencidas de la inanidad del estado para influir en el paro o la vida real.

Salud y mental y relaciones de producción capitalistas, ¿son términos que permiten conciliación en su opinión? ¿El capitalismo, por el contrario, es enemigo de la salud mental de las personas?

Los efectos patológicos del capitalismo sobre la salud mental no nacen de una voluntad maligna que hacía gritar a la Bruja Avería “Viva el Mal. Viva el Capital!” sino de que en su necesidad de multiplicar sus ganancias vendiendo nuevas mercancías precisa crear necesidades continuas en las personas y por ello se transforma en un sistema que necesita producir identidades basadas en una especie de glotonería consumista que no se satisface nunca. ¿Cuánto es bastante? se responde desde el mercado con un Nunca que genera ansiedad continua en las personas. La sobriedad y la configuración de unos gustos y unas satisfacciones al margen de las seudonecesidades creadas desde la ideología capitalista son el primer paso para adquirir una difícil salud mental siempre cercadas porque algún fetiche ofrecido por la publicidad -tal viaje, tal coche, tal casa- acierte a enlazar con alguna perversión propia y nos haga vender la vida para cambiarla por dinero para comprar esos productos dotados del encanto mágico de la mercancía que adquiere lo interiorizado como deseo. El sujeto tal como lo conocemos es tan voraz y tan maldotado de Hibris de falta de freno a sus ansias, que precisa un sistema muy racional para contenerse.
Vivir sobrios y ser un poco mojigatos me parece un consejo prudente en estos tiempos de exhortación a liberar el deseo o atreverse a todo como signo de salud mental. Reprimirse frente a la desublimacion represiva de la que nos hablaba Marcuse como característica del postcapitalismo es una reflexión necesaria a pesar de que suene a pensamiento reaccionario.

También usted ha afirmado que los estudios de epidemiología psiquiátrica señalan a que la conciencia de clase, el capital social, es un remedio “que atempera la vulnerabilidad y aumenta la resistencia frente a la depresión por estrés laboral”. ¿Por qué? ¿Cómo actúa positivamente “el grado de reciprocidad y confianza en las relaciones formales e informales entre personas, que facilita la acción colectiva en búsqueda de beneficio mutuo”? Recordaba usted que un impecable estudio finlandés sobre 35.000 trabajadores mostró ese capital social como mejor preeditor de riesgo-protección para superar la crisis.

Se ignora a veces que los estudios de Elton Mayo que dieron cobertura a la ideología taylorista que liquidó la cultura de clase en las grandes industrias americanas es el estudio de un psicoanalista que reconvierte cualquier queja contra el capataz o el patrón en proyecciones de una mala imagen familiar. Sus largas entrevistas a las obreras de General Electric tiene un formato psicodinámico donde afirma que tras el odio de clase se trasluce los fantasmas edípicos de odio al padre. Es decir, el malestar en la fábrica sería un rencor vertido en la fábrica pero construido en lo familiar. Convertir a cada gerente en un psicólogo fue la receta que tanto éxito dio a la productividad taylorista: “tras cada demagogo hay un neurótico” fue la fórmula que permitió el tratamiento individualizado del malestar obrero etiquetado de resentimiento.
Los psicólogos de empresa buscan por ello identificar a esos sujetos inadaptados para desactivar cualquier colectivización o protesta que sume malestares, para tratar individuo a individuo esa “proyección” del sufrimiento intimo que se vierte en la fábrica.
Unos pocos estudios analizan los colectivos activando su memoria colectiva, analizando lo que hay de común en las humillaciones de la cadena cuando hay que pedir permiso para ir a mear o cambiarse el támpax con independencia de la personalidad o la historia individual. En esa memoria grupal se descubre lo poco individualizada que es la neurosis del trabajador que vive como fatiga y daño físico-psíquico la reducción de su vida a tiempo de trabajo. Se puede incluso medir cómo aumentan los consumos de alcohol o las rupturas de pareja en relación a crisis laborales.
La miseria de las organizaciones sindicales se puede visualizar en su incapacidad para articular esos estudios que posibilitarían un relato colectivo del daño laboral sin reducirlo al esquema de estrés y laboral productos de depresión- ansiedad en función de la vulnerabilidad personal.
La cultura psicológica del norte de Europa conserva restos del antiguo pacto social que permitía sustituir la cogestión por medidas sindicales muy ligadas a la base que dejaron una magra cosecha de estudios sobre el papel protector de la asamblea en la higiene mental de los trabajadores frente a los comités de seguridad en el trabajo. En ese sentido los equivalentes empíricos de la conciencia de clase -asistencia a asambleas, participación en comités de salud laboral, construcción de redes amistosas desde la fabrica- suministran protección eficaz frente a bajas laborales por depresión- ansiedad.

Apuntaba también usted en una carta al colectivo de Espai Marx que cuando alguien se siente acosado en una empresa su única defensa real son las relaciones horizontales con sus compañeros, con esas relaciones las que le pueden permitir analizar su sufrimiento en términos colectivos y encontrar apoyos reales en ese colectivo. ¿Qué tipo de apoyo puede encontrar un trabajador desesperado entre compañeros no menos desesperados en ocasiones?

La escucha de alguien que vive las propias condiciones laborales ya es terapéutica porque a diferencia de la escucha psicológica es una escucha enmarcada y no descontextualizada en la que se comparten valores y se puede actuar sobre la situación real que genera el malestar. De esa escucha siempre nacen formas de micro solidaridades que se traducen en pequeños actos de resistencia y sabotaje a los ritmos laborales o a los abusos de los de arriba. En un taller de calderería cuando entraba el ingeniero comenzaron a caer herramientas desde los andamios a su paso con lo que las visitas se hicieron infrecuentes. Tras algunas cenas navideñas en unos astilleros gijoneses los coches de los encargados aparecieron pintarrajeados. Tras las fiestas de comadres en Gijón las obreras del textil se reafirmaron en no abandonar un encierro que duró años. De esos contactos esporádicos basados en escuchas mutuas, a salir del trabajo y compartir cotidianidad creando esas redes y esos vínculos que permiten construir un Nosotros y unas rutinas comunes no hay mucha distancia y me parece el único manual de supervivencia que conozco frente al individualismo que termina en una especie de narcisismo egotista en la que cualquier pérdida afectiva lleva a la depresión.

Hace muy poco ha fallecido Carlos Castilla del Pino. ¿Qué ha significado Castilla del Pino en la historia reciente de la psiquiatría española?

Perdón por citarme pero he escrito un largo articulo sobre Castilla del que fui buen amigo que podéis reproducir en vuestro portal. En él por decirlo de forma sintética afirmo que mientras su figura era aclamada por la psiquiatría de izquierda durante sus reuniones, la práctica real de esos psiquiatras progresistas se correspondía mejor con la del gran psiquiatra del franquismo López Ibor. Este afirmó como tesis central que “las neurosis eran enfermedades del ánimo que no precisaban psicoterapia sino antidepresivos”. No hay apenas ningún neurótico hoy en España que no reciba dosis medio altas de antidepresivos de acuerdo con esas tesis. Como en tantas cosas el tirano dejó las cosas atadas y bien atadas y mientras en lo ideológico se alaba a Castilla en la practica se actúa con las ideas y la lógica del franquismo.

Finalmente, hablando una vez más de memoria histórica, un psiquiatra militar, el señor Vallejo Nájera, calificó a los rojos españoles de enfermos mentales. Propuso tratarles como tales y creo que lo consiguió. ¿Era eso saber científico, ideología psiquiátrica, fanatismo envuelto en términos pseudocientíficos?

Vallejo Nájera fue una fiel expresión de las contradicciones del franquismo. Escribió textos sobre la simulación psiquiátrica que llevaron al paredón a bastantes rojos que trataban de hacerse pasar por locos, escupió sobre los internacionalistas con unos estudios epidemiológicos repugnantes, moralizó a mujeres y niños creando en los años cuarenta unas instituciones de represión llamadas Patronatos de Protección a la Mujer que vigilaban y castigaban las faltas a la moral monjil que el dictador impuso. Para colmo escribió un tratado de psiquiatría basado en la psicología de Santo Tomás de Aquino con apartados sobre la patología de la voluntad y otros disparates similares que fue obligado manual en las facultades de medicina franquistas.
Pero frente a la mayoría de la psiquiatría republicana no se apuntó por motivos religiosos a apoyar la eugenesia de los pacientes mentales que fue el crimen capital de la psiquiatría del siglo que entonces se iniciaba y que muchos de los científicos de izquierda con base en el darwinismo apoyaron. Lafora, el gran psiquiatra de la República, bien entrados los años cuarenta, aún defendía la esterilización de los pacientes mentales graves. Varios científicos e intelectuales de la Liga para la Reforma Sexual encabezada por Aurora Rodríguez aprobaban el “uso del gas ciclón para eliminar las vidas sin valor”.
En ese sentido yo he mantenido en algunos textos como hay muy poco que oponer a la psiquiatría fascista representada por Vallejo porque enfrente no hay ningún psiquiatra al servicio de la razón liberadora. Había una práctica psiquiátrica republicana defensora del manicomio provincial, una higiene mental basada en la eugenesia terrorífica, el tratamiento del pánico del soldado cercano al frente para reintegrarlos al matadero y un largo horror que hace difícilmente defendible la contradicción entre una psiquiatría fascista frente a otra de izquierda. Ambas formaban un totum revolutum en que había muy poco de bueno.

Gracias, gracias por su tiempo y por sus generosas y solidarias respuestas

Extraída de Kaos en la Red y Ekintza Zuzena

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Libros de Francisco de Asís y en torno a su figura

librear
libros, películas y software para descargar. Varios

alexvillagran.blogspot.com.es
56 libros para descargar. Lacan y otros

Salud y psicología
Libros para descargar, psicología, psicoanálisis

Libros en línea
Todo filosofía. Interesante

Alfredo Villagrán
Filosofía, psicología, psicoanálisis, humanidades para descargar

Dosmil y pico libros
Literatura erótica y otros

Calibre
Un programa gratuito e imprescindible para gestionar y cambiar el formato digital de los ebooks y poder cargarlos en tu lector de libros electrónicos. Imprescindible para hacer más práctico el Kindle y no depender sólo de la tienda de Amazon.

Librosparakindle
Como su nombre indica, pequeño blog con enlaces a 300 libros ya convertidos a mobi, el formato de Kindle. Colecciones casi completas de Agatha Christie, Arthur C. Clarke, Brian W. Aldiss, Carl Sagan, Reverte

Manual de desobediencia a la Ley Sinde

“Aprende a cambiar tus DNS, a configurar un proxy, a configurar y utilizar Tor para navegar anónimamente, a entender para qué sirve una red privada virtual (VPN), “… todo lo necesario para ejerder tus derechos de copia privada y una Ley tan inútil como injusta. Desarrollado por Hacktivistas y editado por ‘Traficantes de Sueños’ y el periódico Diagonal.

Librosenepub
3.000 enlaces a libros de todo tipo en formato epub. Incómodo de buscar pero buena compilación.

Open Library
Un buscador, iniciativa de Internet Archive, que indexa desde las grandes bases de datos de internet para acumular 1.000.000 de libros gratis. Sí ¡un millón! La mayoría en inglés pero también tienes 11.000 en Español. Ofrece un potente buscador para texto incluido en las obras. Ideal para investigar fuentes y amantes de la literatura clásica

Epubgratis.me
Más de 2000 ebooks recientes en formato ePub. Muy buena interface. Sin publicidad. Una joya altruista.

24symbols
Proyecto enteramente español. El “Spotify de los libros”. Ofrece un catálogo contemporáneo de obras gratuitas, financiándose con publicidad y cuentas premium. Muy buena idea aunque los libros deberás leerlos directamente ‘online’ en la web o en la aplicación para iPad. Para descargártelos o leer ‘offline’ necesitas la cuenta premium.(9€ mes)

Bookcamping
Un catálogo-biblioteca abierto y colaborativo con temática social y surgida a raíz del movimiento 15M. Sólo son descargables los que tienen una marca blanca en la ficha.

1libro1euro
30 libros gratis de autores contemporáneos a cambio de una donación voluntaria por una buena causa.

Issuu, Scribd Calaméo
Tres formas de publicar y leer todo tipo de revistas, libros y documentos.

Pordescargadirecta
Foro de Prensa diaria, revistas y magazines. Sin publicidad

Quioscovagos
Foro con enlaces a toda la prensa y revistas que se edita en España

Premiomag
1.300 enlaces a revistas de 5 paises. Desde el National Geographic al New Yorker. No hay editadas en España.

Papyrefb2
Más de 2500 libros en formato papyre. Buena clasificación. Sin publicidad.

Liberateca books
Oferta limitada pero con una ‘interface’ muy intuitiva, moderna y clara. Sin publicidad.

Manybooks
Libros de dominio público en 40 idiomas. También en español.

Feedbooks.com
Gran colección en inglés de obras contemporáneas de dominio público

Lamansion
Comunidad de cómics editados en español. Marvel, DC, Chaos, clásicos

Liquidcomics
Es una editorial internacional de cómics gratuitos que se pueden leer online. Patrocinada por Sir Richard Branson ofrece obras del director John Woo, Guy Ritchie o del mismísimo Wes Craven

Marvel
La gigantesca editorial de cómics americana puso en su día a disposición de todo el mundo, 250 cómics gratuitos para promocionar su tienda online,

Digital Comics Unlimited
Claro que la mejor manera de promoción es tener acceso a la colección completa de cómics de la editorial. Desde el año 1960 hasta el 2010. Para luego elegir cuáles comprar.
Puedes descargarte aquí los enlaces torrents.

Novaro
Un pequeño blog donde poder encontrar enlaces de descarga a cómics antiguos de la editorial Novaro 1949-1984 (Fantomas, Batman, Archie, La pequeña Lulú, etc.)

Libroscompartidos.com
Curiosa iniciativa para intercambiar con otros lectores aquellos libros en papel que ya has leído y solo hacen ‘biblioteca’. Muy interesante

Orsai
Quizás el mejor proyecto para explicar el cambio del modelo industrial que urge con la llegada de la tecnología digital. Paradójicamente es una revista en papel, sin publicidad, sin intermediarios, que paga justamente a sus colaboradores y que al final se regala en soporte digital. Funciona y muy bien. El admirado Hernán Casciari lo explica estupendamente en esta TED

Edgar Morin
Descarga gratis de un libro cada 12 horas

Filecrop
Variados

Free-ebooks
Variados

issue
Variados leer online

Recursos para pensar
Filosofía

joryx
Variados

lecturasinegoismo
Variados

e-prints Complutense
Artículos, documentos...

E-Books de la Fundación Wallemberg
Libros sobre Wallemberg, holocausto, judaísmo y otros

Descarga de guiones de cine fantástico
2001 Odisea del espacio, Blade Runner y otros

Asuntos sociales



Telemadre
Modelo social de intercambio entre madres desempleadas y personas que no pueden cocinar

El Observatorio
Responsabilidad social

Expact-Blog
Blog de expatriados

Surt
Interesante web de ayuda a la mujer. Perspectiva construccionista y por competencias

Empleo, asuntos sociales e igualdad de oportunidades, Comisión Europea
Portal de la UE para asuntos sociales

Inserción Social
De Caja Madrid. Apoyo a la inserción social y laboral

Iniciativa ciudadana de la Comisión Europea
Documentos sobre iniciativa ciudadana en la UE

Link Social
Links diversos de interés social (infancia, maltrato, violencia, guerra...)

ciberacciones
Recogida de firmas para distintas causas

Canal Solidario
Voluntariado, ONGs, solidaridad, sostenibilidad

Comercio Justo
Noticias, propuestas, información

Negligencias Médicas
Denuncias

Denuncia pública
Denuncias a Salud Mental, Asistencia Social...

Maltrato y violencia
Blog del Instituto Europeo Campus Stellae. Cursos. Enlaces

Expact.Clic
Expatriación en femenino. Sitio para compartir la experiencia de la expatriación. Foros, artículos, experiencias, talleres. Testimonios. Galería. Links. Varios idiomas


Biblioteca Virtual Ser Indígena
Enlaces. Archivo digital, animaciones, bancos de imágenes, música, libros, monografías, infografías. Diccionarios lenguas indígenas. Weblogs indígenas


Acoso moral desde la óptica social
Página de María Parés. Artículos por ámbitos y por temas. Noticias. Enlaces

Actuable
Peticiones que puedes hacer a los a gobiernos y empresas para que actúen para cambiar el mundo

ATTAC
Justicia económica global

InspirAction
Movimiento global cuyo objetivo es ser el portavoz de los olvidados

Avaaz
Activistas

tupatrocinio
Búsqueda de patrocinadores para tus proyectos

No cruces el río con botas
Blog y radio sobre asuntos sociales


Europa para los ciudadanos y no para los mercados

ACSUR
Iniciativas solidarias. Publicaciones, información, enlaces

Discapnet
Todo para el discapacitado

Asociación Federal Derecho a Morir Dignamente
Suicidio asistido

Capenoa
En defensa de los pueblos indígenas

La ciudad viva
Web de información y participación ciudadana de la Consejería de Obras Públicas y Vivienda que se inscribe dentro de un proyecto político de mejora de la habitabilidad urbana y territorial, a través del diseño social, sostenible y productivo de los espacios públicos y domésticos de nuestras ciudades


Asociación Federal Derecho a Morir Dignamente
Testamento vital, cuidados paliativos, videoteca, etc.

SID Servicio de Información sobre Discapacidad
Artículos, agenda, legislatura

Solidaridad Digital
Discapacidad

Memoria Abierta
Documentación sobre los años de dictadura en la Argentina

Jiri Sliva




Más información en: www.toonpool.com y www.gallery.cz

Jessie Hartland


Jessie Hartland has illustrated numerous picture books for children, including two she wrote. Her fine artwork has been exhibited in New York, Venice, Tokyo, and elsewhere. She lives and works in New York City.

Jutta Bauer



Leer más en Los cuatro azules

Joan Brossa

Más información: Fundación Joan Brossa

Hernández Pijoan

Leer más en Anuaris cat

Matadero Madrid

FontShop

Angie Arscott

Robert Doisneau

Rob mack

Centre Pompidou

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Everystreet

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Máximo

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Giorgio Morandi

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